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El guionista que fue noqueado por Rocky

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En 1985 se estrenó la ya mítica película Rocky IV, en la que Rocky Balboa se enfrenta al terrible Iván Drago. Pero el boxeador ruso no fue el único que probó los puños de Stallone. Timothy Anderson, guionista y fan de la saga, también salió malparado.

El verano no ha hecho más que empezar y hoy vengo con nuestra segunda historia de terror y derechos de autor. 🙂

Los orígenes

Nuestra historia tiene como protagonista a un guionista, Timothy Anderson.

Corría el año 1982 y Sylvester Stallone andaba en plena gira promocional de Rocky III. Stallone no solo protagonizaba la película, también la dirigió e incluso escribió el guion de la misma, como había hecho con Rocky I y II. Se dice que, tras escribir los guiones de las dos primeras partes, a Stallone se le estaban acabando las ideas.Ese parece ser es el motivo por el que Rocky III se centra más en escenas de pelea o entrenamiento y tiene menos drama que las dos primeras películas.

Timothy, que era seguidor de las películas de Rocky, tuvo la genial ocurrencia de que podría escribir un posible guion para la cuarta parte de la saga.

Así lo hizo, puso sus lápices a ello, preparó su guion y lo envió a la productora. A ésta pareció gustarle el guion e incluso llegaron a reunirse con Anderson para hablar del mismo. En un principio parecían interesados. Le dijeron que estudiarían las posibilidades que tenía y acordaron que para el caso de que usaran su guion hablarían de remuneración.

Golpe bajo al guionista

Cual fue su sorpresa que en el año 1985 se estrena la cuarta parte de la saga de Rocky y… ¡TACHAAAÁN! La película está basada en el guion que Timothy Anderson mandó a la productora. Pero recordemos que aquella primera reunión no había acabado en nada: no hubo contrato ni acuerdo de remuneración para el caso de que usaran el guion.

¿Os imagináis la reacción de nuestro autor? Efectivamente, se puso en contacto con ellos, intentó que se le pagara por el uso de su guion pero lo único que obtuvo fueron negativas por parte de la productora.

Así las cosas y sin poder llegar a ningún acuerdo extrajudicial con ellos, nuestro guionista presentó en 1987 una demanda contra MGM, la productora.

Sobre el ring

Casi puedo imaginarme la lucha,  podría ser la típica escena final de una película donde uno de los luchadores pertenece a uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad y el otro ha tenido siempre la suerte de su lado. Las apuestas corren por las gradas entre el vocerío y nuestros personajes permanecen en el ring, de frente, centrados únicamente en su respiración. Nuestro chico de barrio va a cuerpo descubierto y el otro, sin embargo, tiene todas las defensas en su sitio. Las defensas y la certeza de que esa noche las apuestas llevan su nombre.

Venga, va, que me salgo del guion y me monto escenas que no vienen a cuento. Pero no creáis que voy muy desencaminada.

Suena la campana

Por un lado tenemos al guionista reclamando que la productora le reconociese su autoría y le retribuyera económicamente por haber usado su guion.

¿Pero qué tenía que decir la productora? Muy atentos a esto, porque como diría mi madre, ahora viene cuando la matan: la productora alegó que, aunque se demostrase que el guion pertenecía efectivamente a Timothy Anderson, éste no tenía derecho a realizar una obra derivada sobre la saga de Rocky, Nadie le había autorizado y, por lo tanto, ese guion no contaba con derechos de autor, pudiendo ser utilizado por cualquiera.

La Corte del distrito de California le dio la razón a la productora y reconoció que aunque el guion pudiera tener elementos originales, estaba basado casi en su totalidad en los personajes y las historias de las películas anteriores cuyos derechos de autor pertenecían a su creador. Al no haber obtenido el guionista permiso para hacer la obra derivada y atendiendo a la legislación de la Copyrigh Act de EEUU, la misma no estaría protegida por derechos de autor. Es más, se trataría de una obra ilícita y podía ser, como dije antes, usada por cualquiera.

Foto:EVERETT COLLECTION

Antes de saltar al ring

Esta historia ocurrió bajo el cielo de California y se rige por tanto por la Ley de Propiedad Intelectual Americana, también conocida como la Copyright Act. Esta ley indica que aquellas obras derivadas que no cuenten con permiso para transformar la original, no gozarán de derechos de copyright y estarán a disposición de ser usadas por cualquiera.

Es cierto que nuestra Ley de Propiedad Intelectual española difiere de la americana e indica que las obras derivadas cuentan con derechos de autor. Pero reconoce también que, aunque los derechos de autoría de la obra derivada pertenecen a quien la ha creado, corresponde al autor de la obra original o preexistente autorizar la explotación de esta obra derivada.

Los derechos de propiedad intelectual de la obra resultado de la transformación corresponderán al autor de esta última, sin perjuicio del derecho del autor de la obra preexistente de autorizar, durante todo el plazo de protección de sus derechos sobre ésta, la explotación de esos resultados en cualquier forma y en especial mediante su reproducción, distribución, comunicación pública o nueva transformación.

Artículo 21.2 LPI

Aunque, como podemos comprobar, nuestra legislación tiene grandes diferencias con la americana, esta historia nos hace ver la necesidad de proteger, registrar o cuidarnos muy mucho las espaldas para evitar un gancho de izquierda que deje K.O. a nuestros derechos de autoría.

Si estás pensando en realizar una obra derivada con la idea de explotarla económicamente, asegúrate que cuentas con la autorización del autor o autora de la obra original. En caso contrarío podrás crear una obra derivada preciosa pero no podrás darle salida en el mercado.

Y hasta aquí el post de hoy. Nos leemos en la próxima historia para no dormir. Hasta entonces…

¡Feliz creación!

P.D: Ando preparando el calendario editorial de la siguiente temporada del blog de Firmado Por ¿Te gustaría que escribiera sobre un tema en concreto? ¿Has estado mil veces a puntito de escribirme para pedirme que profundizara en algún tema? ¡Ahora es el momento! Estaré encantada de recibir un email tu sugerencia. 🙂

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