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Historias para no dormir, 2. El día en que Michael Jackson compró los Beatles.

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La historia que nos acerca hoy al fuego es propia de los largometrajes domingueros. Tiene de todo, malas decisiones, traiciones, bancarrota y herencias. Lo más llamativo, sin duda, la traición entre dos amigos nada comunes, dos titanes de la música.

Hoy os contaré la historia de cómo Michael Jackson traicionó a Paul McCartney.

Michael Jackson vs. los Beatles.

Preparen sus palomitas, allá vamos.

Todo empezó a principios del año 1983.  Era febrero y Paul McCartney y Michael Jackson se preparaban para rodar el videoclip de “Say say say” mientras pasaban juntos unos días en la granja que Paul McCartney tenía en Londres. La velada era de lo más normal, ambos amigos se encontraban charlando y compartiendo confidencias, cuando Paul McCartney le mostró a Michael Jackson un catálogo de canciones sobre las que había adquirido los derechos editoriales. Entre ellas se encontraban canciones de Buddy Holly, Carl Perkins o Al Johnson. Paul McCartney  le comentaba que este era un gran negocio. Pero no fue lo único que le dijo aquella noche a Michael Jackson. Hubo una confesión que marcaría un punto de inflexión para la decadencia de esta amistad.

Aquella noche, quizá buscando la ayuda o respaldo económico de su amigo, Paul McCartney le confesaba el periplo de negociaciones y desacuerdos que tenía con los abogados de ATV Music para intentar adquirir los derechos de sus propias canciones, de las canciones de los Beatles.

Michael Jackson quedó maravillado por aquella idea de negocio y cuando estuvo de regreso a Neverland compró, entre otros derechos de canciones, todo el catálogo de Sly and the Family Stone, uno de sus grandes ídolos.

Pero el objetivo de Michael Jackson era otro. Él tenía su vista puesta en adquirir el  catálogo de las canciones de los Beatles, y no precisamente para asegurarse de que las canciones volvieran a manos de su amigo y autor. No, las quería en su poder.

Y así fue, en septiembre de 1984 Michael Jackson hizo una oferta por ellas de unos 46 millones de dólares. Todo a espaldas de su amigo Paul.

Pero la empresa Holmes à Court, que era quien tenía en esos momentos los derechos, no se lo iba a poner tan fácil. ¿Y qué hicieron? Nada menos que avisar de la oferta a Paul McCartney y ofrecerle a él el catálogo. Como os podéis imaginar, éste montó en cólera al enterarse de la noticia, no se podía creer que su amigo fuera a jugársela de esta manera. Pero parece ser que Paul McCartney no disponía de ese dinero para hacerse con sus propias canciones. Una vez más veía como éstas se escapaban de sus manos.

“Crees que alguien es tu amigo, y de repente, llega y te roba la misma alfombra en las que te sentabas con él”. Paul McCartney

Tras un serio intento de la compra de los derechos por parte de The Entertaiment por una suculenta oferta de 50 millones de dólares. Finalmente, y once meses después, en agosto de 1985,  Holmes à Court le vendía el catálogo de las canciones de los Beatles a Michael Jackson por 47 millones de dólares (parece ser que era la mitad de su fortuna en aquel entonces). El motivo principal fue que éste los pagaba en efectivo.

¿Qué fue lo que compró Michael Jackson?

Se trataba de los derechos de reproducción de las canciones de los Beatles escritas por Paul McCartney y John Lennon  entre los años 1964 y 1970. Entre ellas algunas con gran fama como Help, Yesterday, Hey Jude y Michelle.

«No se siente muy bien salir de gira y tener que pagar para cantar todas mis canciones. Cada vez que interpreto ‘Hey Jude’ tengo que pagarle a alguien», dijo Paul.

Ay, ay, ten amigos para esto.

Pero el destino, o la mala situación económica que atravesó Michael Jackson hizo que en 1995 tuviera que fusionarse con Sony, pasando a ser propiedad de ambos los derechos sobre las canciones, para venderlas definitivamente en el año 2007.

 Pero ¿de qué hablaba Paul McCartney? ¿Cómo es posible que no tuviera los derechos de unas canciones que fueron escritas por él?

Todo se remonta a 1963, a causa de una mala gestión del manager de los Beatles, Brian Epstein, quien accedió al trato de la discográfica de Dick Jane para  que publicara el segundo single del grupo «Please please me». Las condiciones pactadas eran a todas luces abusivas: la editorial de Dick J, Nothern Songs adquiriría todas las canciones que a partir de la firma del contrato escribieran los Beatles y se quedarían con el 45% de los derechos que proporcionasen las mismas.

Y ahora ¿quién tiene los derechos de reproducción sobre las canciones?

Las leyes norteamericanas sobre derechos de autor, recogen que tras 56 años los derechos de autor cedidos a terceros puedan ser reclamados por sus autores y  vuelvan a éstos. Por lo que a finales de 2018 las derechos de reproducción de estas canciones  volverían a estar en manos de Paul McCartney y de Yoko Ono, como heredera de John Lennon.

En enero de 2017 Paul McCartney comenzó de nuevo la aventura para asegurarse de que la ley se cumpliera y demandó el control de los derechos de las canciones a Sony.

Finalmente, en julio de este mismo año, los abogados de Paul McCartney y Sony llegaron a un acuerdo confidencial, por lo que pudo, por fin, recuperar los derechos de reproducción sobre sus canciones.

Y colorín colorado, esta pesadilla de Paul McCartney se ha acabado.

Moraleja:

  • Revisa a conciencia y con un experto cada cláusula de tu contrato.
  • En nuestra Legislación española, el contrato de edición musical se encuentra recogido en su Título V,  Capítulo II  de la Ley de Propiedad Intelectual, donde se establece expresamente que las obras futuras no serán objeto de este tipo de contrato.
  • Puede que hoy el contrato que nos presenten nos parezca una gran oportunidad, pero no olvides que nuestras obras tienen una vida más allá de la primera publicación. Infórmate de tus derechos.

Espero que estés teniendo un verano de lo más creativo. Nos leemos en el próximo post.

Isabel Méndez.

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